Mi historia

Hola, mi nombre es Omar.

Soy un creativo digital y desarrollador de negocios.
Nací casi al mediodía el 26 de abril de 1986 en Cancún, un paraíso a orillas del mar Caribe en México.
Si hubiera nacido el mismo día al mismo tiempo en Chernobyl, Ucrania, la historia seguramente habría sido muy diferente.
Llegué a este mundo en medio de la acción y las revoluciones del siglo XX para crecer durante la explosión de Internet, las computadoras personales y el auge de MTV.

Desde mi infancia, siempre me atrajeron la creatividad y la tecnología, los videojuegos, el video y la animación.
Recuerdo que mi primera PC fue una Intel 386 con 500 kb de memoria ram y 80 mb de almacenamiento.
Desde ese momento aprendí a armar y desarmar computadoras, poco a poco me convertí en el soporte técnico para mi familia y amigos y descubrí mi amor por los videojuegos en el momento en que DOOM 3D sorprendió al mundo con gráficos nunca antes vistos.
En mi búsqueda por comprender todo y encontrar nuevas formas de interactuar con el mundo digital que comenzó a envolvernos, me encontré aprendiendo diferentes lenguajes de programación, usando los primeros programas para diseño gráfico y descubriendo el modelado 3D en la era de las conexiones de acceso telefónico dial-up a Internet.
Internet llegó a nuestras vidas más rápido que la adolescencia, trayendo nuevas herramientas de comunicación nunca antes vistas.
Las salas de chat pasaron de IRC en modo texto a ICQ con emoticones y avatares en color, mientras que la descarga de una imagen enviada en un correo electrónico tomaba varios minutos, a veces la conexión se cortó y tuvo que comenzar de nuevo.
Fue durante esta etapa de descubrimiento en la que fuimos testigos del nacimiento de gigantes como Google, que salieron de la nada para poner ante nosotros un conocimiento prácticamente ilimitado y responder al instante a todas las preguntas imaginables.
O Apple, transformando radicalmente el hardware y el diseño de la tecnología informática y popularizando el uso de nuevas formas de interactuar con máquinas utilizando dispositivos que nadie había visto antes.
Siempre fui una persona autodidacta, de la misma manera que aprendí electrónica al desmontar todos los electrodomésticos de mi hogar, así fue como aprendí a moverme dentro del mundo digital.
Utilicé la ingeniería inversa para todo, mirando las cosas desde una perspectiva diferente, descubriendo todas las piezas que constituían un problema, paso a paso.

Continué en este camino con pasatiempos que cada día se volvieron menos desconocidos y más valiosos, antes de darme cuenta de esto e incluso antes de comenzar mi carrera universitaria, muchas pasiones se habían convertido en fuentes de trabajo.
Realicé mantenimiento y actualizaciones de software en computadoras personales, instalé redes y telefonía, sistemas de vigilancia y limpieza de virus, mucha limpieza ya que a la gente aparentemente le encantaba infectarse con virus.
Antes de terminar la escuela preparatoria e incluso antes de decidir qué haría con mi vida, ya estaba construyendo una carrera en el mundo digital e integrando la gestión de nuevas tecnologías en mi entonces inexistente currículum vitae .
Mientras mis amigos se divertían enviando “zumbidos” en MSN Messenger y compartiendo cadenas de correo no deseado, yo estaba aprendiendo a diseñar y programar sitios web, modificando videojuegos y “probando” la seguridad de diferentes programas y redes locales.

Me tomó algunos años decidirme por una carrera profesional, tenía mucho sentido seguir trabajando con computadoras, así que comencé a estudiar ingeniería de sistemas.
En esta etapa pude conocer nuevos lenguajes de programación, aprender sobre los estándares y procesos informáticos y me di cuenta de que esto no era para mí, porque muchas de estas “nuevas” cosas ya las había aprendido por mi cuenta, ademas, la chispa de la creatividad y el descubrimiento estaban ausentes en lo que parecía ser mi futura profesión.
Tomé un año sabático, viajé un poco, aprendí idiomas y pude ampliar mis horizontes un poco más.
Me di cuenta de que uno de mis grandes talentos era comunicarme, contar historias, compartir nuevas ideas.
Estaba dispuesto a encontrar una manera de hacerlo, estaba inspirado.
Al volver a casa, casi por accidente, encontré la carrera que parecía perfecta.
“Animación, arte y diseño digital”
Un nuevo título universitario que cubría todo, desde educación en artes plásticas, pintura, escultura, escritura y teatro; a nuevas tecnologías como diseño digital, animación 3D, edición de video, efectos especiales y desarrollo de videojuegos.
Nunca antes había pensado en ser diseñador, ya existía el estigma hacia los diseñadores gráficos en ese momento.
Aun tenía bastante fuerza la influencia de los “baby boomers” convenciéndonos de que el éxito profesional solo estaba en estudiar administración, derecho o medicina.
Mientras ya había yo renunciado a una carrera respetable como ingeniero e incluso mis padres me reprochaban no haber continuado estudiando una “carrera universitaria real”.
Sin embargo ahí estaba yo, feliz y esperanzado, seguro de que el futuro se encontraba en los medios digitales…
Y saben que?
Tenia razón.
Esta fue probablemente una de las mejores etapas de mi vida,
Conocí a muchas personas con intereses similares, pero también muy diferentes, por primera vez no me sentía como un extraño.
Aprendí a investigar de manera adecuada, el valor de trabajar en equipo, a desarrollar proyectos y presentaciones de negocios, a evaluar debilidades y cómo analizar riesgos y oportunidades.
Aprendí sobre el arte clásico y la corrientes modernas, sobre estética y teorías del color, las corrientes del diseño gráfico e industrial, así como las influencias del cine francés o el manga japonés en la cultura popular actual
Fueron momentos de descubrimiento, encontré talentos que desconocía poseer y enfrente retos que me hicieron darme cuenta de todo lo que aún me faltaba por aprender.
Tiempo después me gradué y me dispuse a conquistar el mundo digital, solo para darme cuenta que la oferta laboral era escasa, los sueldos eran bajos y las exigencias exageradas.
El camino estaba trazado desde muchos años atrás, esto no iba a detenerme, al fin y al cabo siempre había encontrado la manera de crear valor a partir de mis conocimientos y la calidad de mi trabajo.
Me encantaría contarte cómo el camino fue corto y me condujo hacia el éxito profesional y económico, fácil, rápidamente y sin grandes obstáculos.
Pero no fue asi.